Leviatán

Tanta libertad como sea posible, tanto Estado como sea necesario

Las armas también son un juego 8

 

Es un situación muy surrealista pero…. imagina que te encierran en una habitación junto a un desconocido. Imagina, además, que te entregan una pistola. E imagina, finalmente, que te dicen que dentro de dos horas a tu vecino le entregarán un rifle. De manera que tú estás armado y sabes que tu vecino lo estará pronto. Desconoces si se trata de una persona violenta o no, ni conoces sus intenciones. Simplemente sabes que tú puedes matarlo y que dentro de dos horas él podrá también matarte a ti. Tú no tienes nada contra esa persona, pero sabes que, si no lo matas, al cabo de dos horas, correrás el riesgo de que él te mate a ti.

Lo relevante de este ejemplo es que hay un elemento racional en matar a nuestro compañero: es la única forma de evitar una situación de riesgo. Está claro que no es algo que deseemos hacer. Pero tampoco deseamos correr dicho riesgo.

El ejemplo anterior parece más propio de una película como Saw que de la vida real, sin duda. Y sin embargo contiene el mismo dilema ante el que se vio EEUU mientras tenía la Bomba y sabía que era cuestión de tiempo que los rusos construyeran la suya. Fue en dicha situación cuando surgió el concepto de guerra preventiva: igual que en nuestro ejemplo de arriba, se trataba de atacar antes de correr el riesgo de ser atacado. Intelectuales como Bertrand Russell o John von Neumann plantearon la cuestión en toda su crudeza.

Como dijo von Neumann, la bomba nos aboca a un tipo de guerra donde no gana el más fuerte ni el más resistente, sino el primero en dar el golpe. Finalmente, la situación se manejó armando bombarderos y submarinos con dispositivos nucleares, de manera que si un país es atacado siempre le quedaría la opción de devolver el golpe desde una plataforma pequeña y móvil como un avión o un submarino.

Bien, eso es historia, claro (y también presente, por cierto) pero nos debe hacer reflexionar sobre algo: el problema de las armas no son las intenciones de quien las usa, ni su madurez, ni su educación. Las situaciones donde hay armas crean su propia lógica, su propio "juego", con sus propias reglas. Como en el ejemplo del principio del post, las intenciones de los participantes (que normalmente desconocemos) no arrojan luz sobre qué hacer: la existencia de armas, la naturaleza de las mismas y su distribución entre los participantes de una situación… son elementos que determinan por sí mismos las posibles soluciones estratégicas.

Por eso sorprende, cuando se plantea la cuestión del derecho a poseer o a llevar armas (en todo caso se trata de derechos distintos) comentarios que siguen insistiendo que todo es un problema de educación, de madurez, de intenciones, del uso que les demos etc., tal como encontramos en algunos comentarios a

esta entrada del blog de la UDE:

Solo un sistema que eduque a sus ciudadanos en la responsabilidad puede ser plenamente libre. Tanto si lo aplicamos a las armas, como a las drogas, como a tantos temas de la vida privada en que el estado gusta tanto entrometerse

O también:

El problema es que el estado alenta [sic] la irresponsabilidad al prohibir y no dejarnos la libertad para elegir entre el ‘bien’ y el ‘mal’

A diferencia de lo que suele declararse, las armas no son herramientas neutras cuyas consecuencias sólo dependan de quien las usa y de la intención o la madurez con que las emplea. Las armas son elementos que forman parte de situaciones objetivas y que modifican por sí mismas las posibilidades estratégicas de dichas situaciones. Lo demás es la falacia -tan típica progresista- de que todos los problemas o las soluciones deben buscarse en  la educación. ah, la falacia pedagógica, cultivada a izquierda y a derecha.

Por cierto, no estoy hablando necesariamente de no permitir armas de fuego, sino de no abordar el debate en términos psicológicos (todo depende de quién use las armas)  o de convicciones morales (la libertad irrenunciable para vivir como John Wayne)  en vez de analizar los juegos objetivos que generan.