Leviatán

Tanta libertad como sea posible, tanto Estado como sea necesario

Moises Naim habla sobre la crisis 0

Portafolio publicó hace unos días una entrevista muy interesante a Moises Naim. En ella habla de la actual incertidumbre económica:

Eso tiene mucho que ver con la expansión de la utilización de elementos como los derivados financieros que son instrumentos matemáticamente muy complicados que ni siquiera los mismos que los compran y los venden son capaces de decir con claridad cuánto valen y qué riesgo implican. En consecuencia nadie sabe quién tiene qué riesgo, cómo se dispersa ese riesgo en el mundo, ni cómo son los balances de la contraparte que está pidiendo créditos. Como no se saben leer los balances del prestatario, entonces no se presta. Parece contradictorio, pero esa falta de transparencia ocurre en el sector que debería ser el más transparente que es el sector financiero, en donde todas las transacciones son escrutadas, todo es electrónico, todo está medido y nadie hace nada sin que todo el mundo lo sepa. En teoría es un sistema muy transparente, pero la paradoja es que en la práctica resultó ser un sistema bastante opaco.

Sobre la gravedad y la duración de la misma, existen dos posturas, una catastrofista y otra, a la que él se adhiere, que ve la crisis como una corrección de excesos pasados.

Para explicar lo que pasa hay dos escuelas de pensamiento: la que dice que esta es la crisis financiera más importante de los últimos 60 años y que va a cambiar el mundo para siempre, y la que dice que es el ajuste necesario que se venía pronosticando y que va a haber un crecimiento más lento de la economía, que probablemente Estados Unidos entre en recesión y que otros países van a sufrir las consecuencias de ello. Pero que no es el fin del mundo. Eso también pienso yo.

Por cierto, para quien, como es mi caso, disfrute leyendo a Moisés Naim, tiene una recopilación de artículos en español en su página.

A la Iglesia le cuesta entender el capitalismo liberal 0

Isaac Katz habla en Cato sobre la importancia de acumular riqueza, y en el último párrafo da un tirón de orejas a la Iglesia Católica y a su dificultad para entender que la acumulación es buena para el desarrollo económico:

Dado que la acumulación de riqueza es la condición indispensable para el desarrollo económico, sorprende que el Vaticano haya declarado como pecado mortal la “acumulación excesiva de riqueza”. Por lo que se dijo anteriormente, el Vaticano está castigando, implícitamente, el desarrollo económico; está incentivando la perpetuación de la pobreza, acción también calificada ahora como pecado mortal. Y además, ¿qué se debe considerar como “acumulación excesiva de riqueza”? ¿Todos los que aparecen en la lista de Forbes?; ¿todos aquellos cuya riqueza sea mayor a la riqueza media de la población de un país más una cierta desviación estándar? ¿Es excesivo tener una riqueza global entre propiedades, valor del capital humano y ahorro financiero de 100 mil pesos o sólo si asciende a más de un millón de dólares? Extraño; muy extraño.

En general, la Iglesia tiene bastantes dificultades para entender el capitalismo liberal. Quizás porque éste parte de aceptar como inevitable el afán de lucro. La clave del capitalismo liberal desde Adam Smith es reconocer que el afán de lucro (los vicios privados de Mandeville), lejos de ser un obstáculo para que vivamos en un mundo mejor, eran la clave para hacerlo posible.

Por eso, el problema para el liberalismo no es cuánto dinero gana una persona, sino cómo lo hace. Si lo consigue mediante su esfuerzo, su talento o incluso con el concurso de la suerte, pero en libre competencia con otros que desean el éxito económico y el lucro en la misma medida, entonces da igual que esa persona acabe convirtiéndose en alguien muy rico. El problema no es el lucro, sino lucrarse sin competir.

Por tanto, le Estado no debe preocuparse por cuánto es capaz de ganar una persona, sino de que lo haga siguiendo las reglas de la competencia y el mercado libre. El Estado no entra a juzgar la moralidad de quien desea ganar mucho dinero, sino sólo el modo en que consigue su fortuna. Por ejemplo, no puede ser mediante monopolio, o consiguiendo favores del Estado, o usando la coacción contra sus competidores.

Por ejemplo, si creas un algoritmo como el de Google o un sistema operativo como Windows y todo el mundo usa tu buscador o tu software, y si haces todo eso compitiendo con otros… ¿qué más da si te conviertes en un asiduo de Forbes y sus lista de millonarios? Después, lo que hagas con tu dinero, es cosa tuya. Si lo acumulas, después de todo, sólo estás generando capital. Con ese dinero, los bancos financian proyectos de otros emprendedores, y la historia vuelve a empezar.

Decididamente, la Iglesia no entiende el capitalismo liberal.

¿Tiene la culpa el mercado? 0

Carlos Rodríguez Braun, sobre la tormenta que se está formando sobre el sistema financiero estadounidense:

En toda crisis el pensamiento único le echa la culpa al mercado libre, pero recordemos lo que está pasando.
Las autoridades públicas, y la Reserva Federal es una autoridad pública, monopolística para más «inri», han usado fondos públicos para prestar a empresas financieras a cambio de garantías que son basura (perdón, quise decir «hard-to-trade collateral»), y en este caso particular para hacerse responsable de algo que está en los libros de Bear Stearns y que es basura (perdón, quise decir «hard-to-trade securities»).
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Zimbawe, o de los efectos del populismo 0

En GurusBlog han publicado una interesante entrada sobre los efectos de las expropiaciones de fincas a los granjeros blancos por parte del Gobierno de Zimbawe:

A partir de ese momento (…) la economía de Zimbawue entró rápidamente en barrena. Siete años después, estas son algunas de las cifras macro económicas del país:

Inflación Anual: 6.592% (está es la cifra de inflación oficial, según los expertos la inflación real podría ser 4 veces superior)

Tipo de Interés: 600%.

Tasa de desempleo: 80%

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