Leviatán

Tanta libertad como sea posible, tanto Estado como sea necesario

Los poderes cercanos: los hombres de negro liberan Coslada. 4

Uno de los tópicos más repetidos en la España postfranquista es aquél que canta las bondades de un poder cercano y accesible. La idea es que cuando el poder está cerca del ciudadano es más sensible a sus necesidades y a sus problemas. Además, puede actuar con mejor eficacia, pues conoce el terreno donde debe operar.

Esto quizá esté bien para los eslóganes y para las campañas institucionales, pero me parece falso. Y la falsedad en política suele ser una fuente de problemas y de peligros. Los poderes cercanos, como el municipal o el autonómico, tal vez sean convenientes, pero su cercanía siempre conllevará el riesgo de que el poder cercano es muy vulnerable a la corrupción, al soborno y a la intimidación. El último ejemplo lo hemos visto en Coslada, cuyo ex alcalde ha reconocido que fue incapaz de regenerar la situación. Al final, no ha sido ni el Ayuntamiento ni la gente del pueblo quienes han liberad a Coslada de los mafiosos, sino los hombres de negro a sueldo del Estado.

Con ello no trato de insinuar que el Estado central no pueda ser corrompido. ¡La historia dice lo contrario, por desgracia! Lo que digo es simplemente que los poderes cercanos se corrompen con más facilidad, y que cuando esto ocurre, la solución suele venir del Estado central, si es que tiene la fuerza suficiente. Uno de los problemas que tenemos en España es que el Estado, aun siendo capaz de enfrentarse -a toda portada- a las mafias municipales, es incapaz, sin embargo, de establecer planes hidrológicos por encima de las oligarquías autonómicas, o de impedir que los partidos nacionalistas utilicen los sistemas autonómicos de enseñanza para construir sus propias realidades nacionales. Es posible, por cierto, que el fin de España como la nación que conocemos desde 1812 no venga tan sólo de los nacionalismos étnicos de Galeuska, sino, también, de quienes preferimos dividir un país antes de que el Estado nacional deje de cumplir las funciones propias de tal artefacto, a saber, garantizar la igualdad, la seguridad y la libertad de todos los ciudadanos. Pero ése es otro tema, claro.

Hace unos días, Francis Fukuyama publicó en el blog de The American Interest una entrada sobre este mismo tema. En él nos recuerda cosas como que los mayores abusos contra los derechos humanos en China, a pesar del Tibet o de Falun Gong, no los está cometiendo el Gobierno Central, sino los consorcios empresariales locales, que, aun teniendo carácter público,  escapan de hecho al control del Estado central.

Fukyuama pone más ejemplos: los estados del Sur de EEUU al servicio de una oligarquía esclavista, o, también, las arbitrariedades de los tribunales locales de la Francia prerrevolucionaria, a diferencia de los tribunales ingleses que, desde 1066, la corona pudo controlar con mayor éxito que en el caso francés.

Tal vez así se entienda que cuando Luis XIV dice "L’estat cest moi" (el Estado soy yo) se está dirigiendo ante todo al gran rival de las monarquías absolutas desde la creación del Estado moderno hasta la Revolución francesa: las noblezas locales. La Corte de la Francia del setecientos no fue sólo la expresión del absolutismo monárquico sino, antes que nada, un artefacto político ideado para mantener controlada a una nobleza de provincias levantisca y belicosa. Quien quiera entenderlo, puede leer a Boulanvilliers.

Con esto no quiero decir que no deban existir poderes locales, o que el federalismo sea negativo. Tan sólo hacer reflexionar sobre los peligros que entrañan los poderes locales, a pesar de la retórica que nos los presenta como cercanos, asequibles y amables. Los antipáticos hombres de negro también son necesarios.

Movimiento republicano y superstición 4

Aprovechando que es 14 de Abril…

El mayor problema que le veo  al movimiento republicano (o sea, antimonárquico) español es la superstición. No discuto que la idea de una monarquía hereditaria es una pieza un tanto chirriante y anacrónica.  El problema, sin embargo,  no es aceptar ese argumento, que de suyo me parece válido. El problema, como ocurre tantas veces, radica en no saber otorgar a cada cosa su importancia real.

La monarquía hereditaria es problemática, pero es un problema menor en comparación con otros, al menos si de lo que hablamos es de soberanía y del modo en que el sistema político español permite al pueblo ejercerla. Ya puestos, a mí, el que no podamos elegir directamente al Ejecutivo, sino que sea a través del filtro del Parlamento, me parece más grave que la monarquía. Básicamente porque aquí es donde los territorios con partidos locales fuertes (y que no tienen por qué justificar su actuación fuera de sus circunscripciones) acaban teniendo más influencia que el resto. ¿Por qué no podemos elegir al Presidente del Gobierno directamente los ciudadanos mediante el criteiro de un hombre, un voto? ¿Soy el único que siente envidia de los americanos cuando eligen a su Primer Ministro? Si de lo que se trata es de achicar déficits democráticos dando al pueblo poder de elección, me parece que nuestro movimiento republicano (o sea, antimonárquico) realmente existente está desaprovechando una ocasión estupenda. Más aún si tenemos en cuenta que el poder del Ejecutivo es mucho mayor, lógicamente,  que el de Corona.

Y ya puestos, también podíamos reivindicar una reforma de la ley electoral que convierta a los ciudadanos, y no a las circunscripciones territoriales en verdaderos sujetos de la soberanía nacional a la hora de elegir a sus representantes.

E incluso sería posible, ya puestos, pedir listas abiertas, a fin de erosionar le carácter partitocrático de nuestra democracia.

Elección directa del Ejecutivo, modificación de la ley electoral, listas abiertas… ¿no afectan estas cuestiones mucho más a la calidad de la democracia que la cuestión de la monarquía? Cuando el movimiento republicano (o sea, antimonárquico) se vuelve monotemática con la cuestión de la Corona, como si ésta, y no los otros  problemas, fuera la tara fundamental del régimen, creo que está incurriendo en una simplificación supersticiosa. Y ésa, unida a cierta idealización de una Segunda República mal diseñada (o sea, incapaz de establecer un régimen estable) es mi principal reproche al actual, y a todas luces creciente, movimiento republicano español.

Bravura democrática en Ondárroa 0

Ayer en Odárroa, durante la toma de posesión de los concejales electos en las últimas elecciones municipales sólo acudió uno de los trece elegidos. El del PP. El resto, amedrentados por la chulería bravucona de ANV prefirió no aparecer por el Ayuntamiento a recoger los títulos con que el pueblo los honró. Todo un acto de bravura democrática. Así, fueron finalmente los componentes de la lista ilegal de ANV quienes acabaron ocupando los puestos que reclaman en el Salón de Plenos.

Fuente: El Mundo (de pago)