¿Qué mata más, el machismo o la testosterona?
En el recién creado Ministerio de la Igualdad ha vuelto a ser declarada la guerra contra uno de los más desconcertantes males que golpean a nuestras sociedades: la violencia contra las mujeres.
Por cierto, y a modo de excursus, el nuevo Delegado del Gobierno para la violencia de Género, Miguel Lorente Acosta, no ha desaprovechado la ocasión para calificar su elección como acto simbólico fundamental. El grado de dependencia que la izquierda ha ido adquiriendo respecto de los símbolos empieza a ser preocupante. Que además le funcione aún es peor: tal vez un síntoma de que la mayor parte de la sociedad ya sólo piensa con símbolos y metáforas, y no con conceptos y argumentos. ¡Ah, la crisis de las humanidades: para cuándo se hablará de la crisis de la cultura científica, racionalista, filosófica! Pero no nos desviemos.
Dice Lorente:
La fase anterior de la Delegación fue un inicio, un arranque. Había mucho por hacer y se hizo, pero aún hay que hacer más. Hay que abordar la prevención en dos campos. La terciaria, que abarca los casos identificados, y sobre la que se hacen las valoraciones del riesgo. Y la primaria, una sensibilización crítica contra los valores que llevan a los hombres a recurrir a la violencia.
Y aquí es donde comienzan mis dudas: no es que vea mal la sensibilización, ni mucho menos, pero echo en falta el enfoque materialista cuando se trata de la violencia de los hombres contra las mujeres. Actualmente, el discurso dominante, al que, claro está, no escapan los políticos, es que la violencia contra las mujeres tiene su causa en un complejo de creencias y valores. Dicho complejo suele recibir el nombre de machismo o, también, patriarcado o, incluso, sexismo. De manera que quien quiera combatir la violencia contra las mujeres debe enfrentarse a estas creencias tratando de sustituirlas por otras. Concienciación, campañas, educación, valores… se convierten las armas contra la violencia ejercida a las mujeres.
¿Es el machismo el principal enemigo?
Pues bien, cada vez tengo más dudas de que estemos acertando con el diagnóstico y, por ende, con las soluciones. Si es un problema de sexismo ¿por qué nos encontramos con que países nórdicos como Noruega y, no digamos ya, Finlandia, tienen tasas de feminicidios más altas que los países de la europa mediterránea. Después de todo, en los países nórdicos la tasa de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas masculinas es mayor que en los países mediterráneos como el nuestro. Destaca el caso de la avanzada Finlandia. ¿No da que pensar? ¿No deberíamos esperar que en países que llevan más tiempo que el nuestro convirtiendo el sexismo en algo del pasado las mujeres sufran menos ataques violentos por parte de sus hombres?
Éste es uno de los datos que hace pensar si el machismo no será la variable principal. Aún podría considerarse otra cosa: si el causante de la violencia está en las ideas sexistas o patriarcales… las cifras de mujeres asesinadas en España, pogamos por caso, en los años 50, debió de ser escalofriante. ¿Cómo es que tal cosa no dejó una huella, si no en las estadísticas ni en las hemerotecas, sí, al menos, en la memoria? Después de todo, la libertad de la que afortunadamente goza cualquier mujer en España para decidir sobre su vida, es considerablemente mayor que hace 50 o 60 años. Y lo que es más importante: el reconocimiento social de esa libertad también lo es. Si aun así hoy las matan, y si la causa de que las maten es el machismo… es fácil imaginar que en la España del NODO y del blanco y negro, las mujeres debían caer víctimas de la violencia patriarcal como moscas. Se dirá que no hay estadísticas. Pero seguiré respondiendo que una situación así debería haber dejado una impronta en la memoria y el imaginario colectivos. Todo el mundo tiene un tío o un abuelo fusilado por rojos o azules. ¿No deberíamos recordar también la violencia contra tías o vecinas?
Razones versus causas: tal vez no estemos ante un problema de creencias
Lo que sugiero con todo lo anterior es que al tratar este tema nos estamos dejando llevar por una teoría idealista de la acción. O sea, pensamos en la acción humana como si ésta tuviera que estar guiada por razones (o por creencias, deseos o cualquier otro objeto intencional). Por ejemplo, quien agrede a su pareja se estaría dejando llevar por las creencias propias de la ideología patriarcal. Tiene lógica, verdad.
Sin embargo, no está claro que la acción humana tenga que estar guiada por creencias en vez de por causas que nada tienen que ver con éstas o con cualquier tipo de objetos intencionales. Tal vez deberíamos acostumbrarnos a asumir una teoría no idealista de la acción humana. Por ejemplo, una teoría donde tenga cabida la distinción entre razones y causas y que, al mismo tiempo, no pretenda explicar toda conducta mediante las primeras. O sea, no pretenda que todas nuestras acciones dependen básicamente de objetos intencionales como creencias y deseos.
¿Es el machismo o es la testosterona?
En este punto es precisamente donde deberíamos tener en cuenta las investigaciones de la psicología evolucionista y sus aledaños intelectuales. La idea principal de la psicología evolucionista es que:
- determinados rasgos de conducta tienen origen en la herencia biológica
- la herencia biológica que da lugar a determinados rasgos conductuales se selecciona si proporciona algún tipo de ventaja adaptativa y/o reproductiva.
Pues bien, muchos de las creencias y de las instituciones sociales del patriarcado coinciden con pautas de conducta que la psicología evolucionista ha podido explicar con notable éxito. Por ejemplo, los celos masculinos, o la mayor agresividad de los hombres, o la promiscuidad masculina, la mayor tendencia de los hombres a excitarse sexualmente a través de imágenes, la mejor predisposición hacia los propios hijos frente a los hijastros etc. En los últimos años, estos rasgos de conducta que podemos observar fácilmente en nuestras sociedades han recibido explicaciones que, a diferencia de lo que ocurría en los años 70, no le echaban la culpa a Hustler, ni al patriarcado, sino a una evolución a la que le resultan indiferentes los efectos colaterales indeseables que esos rasgos de conducta pudieran tener. En todo caso, Hustler y el patriarcado serían más bien un reflejo social de dichas disposiciones biológicas. También se ha mostrado cómo éstas las encontramos a lo largo de culturas bastante diferentes.
Siendo esto así, ¿por qué no buscar una explicación evolucionista de la violencia contra las mujeres? Tal vez nos encontremos con que la química de los celos masculinos y la testosterona le están causando mayor daño a las mujeres que las estúpidas ideas machistas por sí solas. En todo caso, deberíamos plantearnos si podemos seguir aceptando sin más la explicación idealista que atribuye el principal problema a un machismo al que hace tiempo que las escuelas plantan -felizmente- batalla, y que cada vez recibe más rechazo social.
Dice el antropólogo Michael Ghiglieri, autor de un magnífico libro sobre la violencia masculina:
Q: So male violence is universal from culture to culture?
When you look around the world at various tribes of people and you look at first world countries, third world countries, hunter-gatherers, horticultural tribe, different people we’ve had the chance in the last century to look at, violence is universal from culture to culture. Men are always more violent, and men are always the ones with weapons, men are always the ones who rape. Every culture experiences rape. Every culture experiences sexual jealousy. Every culture experiences male murders of their male rivals, whether they’re real rivals or perceived rivals. And unfortunately as a species, we exhibit this propensity to kill other men and to control women as property virtually everywhere. Everywhere we settle, we do the same sorts of things. What each culture does about it varies, though.
Q: What about testosterone? How does it shape behavior? Is it to blame for male aggression?
Testosterone has gotten a bad rap for various reasons and the effects of that particular male hormone on behavior are pretty well known at this point and we and some recent evidence has shown that excessive testosterone makes weird behavioral changes to the point where people are wondering whether, well does it really matter. The fact is testosterone is a real kick-starter for violence. It’s a kick-starter for every male trait, not just violence and it was, it is the responsible hormone for making males males and it starts in utero and continues on and in adolescence everyone knows it’s been apparent of a teenager, it goes sky high. Levels surge one hundred times higher in teenage boys and in does affect behavior. It actually forces aggressive behavior. In humans, as in other species, even more in humans, we have the choice as individuals whether we are aggressive or not. But the fact is testosterone does affect human male attitudes and the propensities to violence.
Por otro lado, uno de los principales investigadores del comportamiento sexual de hombres y mujeres a lo largo de culturas distintas, David M. Buss, nos recuerda en uno de sus libros que los celos masculinos suelen estar implicados en las agresiones a mujeres por parte de hombres. Pero los celos masculinos no son sin más una idea segregada por el patriarcado. Existe una química de los celos que, además, ha resultado adaptativa: desde el punto de vista del egoísmo de los genes, invertir recursos en la descendencia ajena es generalmente una mala estrategia. Ésa es uno de las explicaciones por ejemplo, de por qué encontramos a lo largo de diversas culturas, historias sobre padrastros que favorecen a sus propios hijos frente a los de su segunda pareja. Pero también ha dado a los varones unos celos paranoicos.
Todo ello me lleva a pensar que educar y prevenir a los jóvenes contra la destructiva e injusta pasión que son los celos está bien -sin duda- pero que, al mismo tiempo, tendremos que seguir luchando contra los efectos de los celos en otros espacios más allá del educativo: si los celos son una adaptación biológica preñada de efectos colaterales terribles, debemos esperar que sean recurrentes. Y que aparezcan sin excesivos obstáculos en personas que han sido educadas contra ellos. Tal vez estaría bien comenzar enseñando que los celos no son sin más una herencia cultural, sino biológica. Tal vez así seamos capaces de que los jóvenes entiendan mejor las causas de la pasión que los consume que amenaza a quienes desean sexualmente.
En todo caso, si los celos y la violencia de género no son en general un problema de creencias machistas, una herencia cultural, un problema de entender qué está permitido y qué no… tal vez deberíamos empezar a revisar nuestras estrategias para defender a las mujeres contra la llamada violencia machista.

[…] He publicado un artículo sobre el problema de la violencia contra las mujeres en leviatan.org […]
Pingback by Machismo y testosterona : filoblog.com on April 19, 2008 at 9:48 am | #
Excelente apunte.
Pero me temo que la perspectiva blank-slater no es exclusiva de la izquierda. Ahora que dices lo de Hustler, te recuerdo un articulillo reciente de JM De Prada que achacaba el crecimiento de la pederastia -suponiendo que lo haya, que esta gente no considera necesario dar datos, claro- al “sensualismo” de la sociedad contemporánea.
Words by J on April 19, 2008 at 10:59 am | #
Muy oportuno lo de Prada, J. En efecto, el pensamiento conservador (me temo que sobre todo el católico, pero no estoy seguro) es dado a echarle la culpa de todo “a la la tele” y a la cultura. La sombra de Rousseau y su hombre bueno corrompido por la sociedad es lo suficientemente alargada como para atravesar fronteras ideológicas.
Tengo la sospecha de que el pensamiento católico es más proclive a las tentaciones de la tabla rasa (en su versión más rusoniana) porque la teología reformada, al menos el calvinismo clásico, encaja mejor la idea de una naturaleza humana ya de por sí degradada desde el nacimiento, hasta el punto de no ser ni siquiera libre ante las tentaciones, salvo para los escasos poseedores dela gracia, claro. De ese modo, el calvinismo no necesita explicar por qué nos priva Hustler, sino, más bien, cómo es posible que algunos agraciados (en sentido estricto) se resistan a ojearla con delectación.
En el pensamiento católico el mal suele necesitar un elemento externo para actuar sobre el hombre: ahí está la imagen de un diablo que tienta a los pecadores, que ante todo son ingenuos. Creo que el conservadurismo cristiano de Prada bebe de estas nociones teológicas.
En todo caso, este comentario es muy hipotético.
Words by Pascual González on April 19, 2008 at 2:03 pm | #
¿Por qué en los países nórdicos, aparentemente más avanzados que los mediterráneos en cuestiones de igualdad entre géneros, se producen más casos de violencia de género que en éstos últimos?
a) Porque a lo mejor el trabajo que se ha hecho para eradicar el sexismo se ha quedado sólo a nivel de leyes y de igualdad jurídica mientras que las mentalidades, como suele pasar, han ido cambiando a un ritmo más lento o, simplemente, en algunos casos, no han cambiado. Debemos aprender para que no nos pase lo mismo recordando incidir, además de en las leyes, en la educación des de muy pequeños para ir poco a poco cambiando REALMENTE las mentalidades y hacer que, en pocos años, los jóvenes consideren el sexismo como algo inconcebible que sólo algunos “viejos” siguen empeñados en considerar.
b) Porque precisamente es la mayor libertad de la mujer lo que la impulsa a querer desarrollarse personalmente sin necesitar del compañero y es aquí cuando éste tiene que pasar de las amenazas a los hechos consumados. Muchas mujeres en España, por poner un ejemplo, parecen tener relativamente claros ciertos ideales feministas - a menudo mal entendidos - pero a la hora de la verdad siguen aceptando situaciones injustas o dependiendo, en última instancia, económica y afectivamente del marido. En estos casos muchos hombres tienen suficiente con la violencia psicológica para mantenerlas bajo control. Es cuando las mujeres, como nuestras compañeras del norte, se independentizan realmente del patriarca cuando éste, anclado en su machismo, no puede soportarlo y como último recurso llega a la violencia física y las mata.
Words by B on May 9, 2008 at 8:08 am | #
Me ha gustado la crítica al idealismo conductual, que comparto, pero no puedo decir lo mismo de la conclusión reduccionista a la que se llega. Como prueba de que ni el mismo autor cree en ella, he aquí sus propias palabras:
“Tal vez estaría bien comenzar enseñando que los celos no son sin más una herencia cultural, sino biológica. Tal vez así seamos capaces de que los jóvenes entiendan mejor las causas de la pasión que los consume que amenaza a quienes desean sexualmente”.
¿No es éste el idealismo socrático que se pretendía combatir? Les enseñamos la virtud y “tal vez” cobren conciencia de la supuesta razón del mal, a fin de que la combatan con armas racionales. Lamentable. El mal no tiene una razón suficiente distinta a nuestra libre aceptación del mismo, pues si no fuese libre ni siquiera cabría llamarlo “mal”. Pero la libertad de los seres sociables tampoco explica por qué toman decisiones en contra de su sociabilidad, aun a sabiendas de que van a perjudicarlos.
Los cristianos hemos solucionado este problema de forma consistente: apelando al misterio, que entre nosotros recibe el nombre de pecado original.
Words by irichc on May 18, 2008 at 10:10 am | #