Leviatán

Tanta libertad como sea posible, tanto Estado como sea necesario

A la Iglesia le cuesta entender el capitalismo liberal

Isaac Katz habla en Cato sobre la importancia de acumular riqueza, y en el último párrafo da un tirón de orejas a la Iglesia Católica y a su dificultad para entender que la acumulación es buena para el desarrollo económico:

Dado que la acumulación de riqueza es la condición indispensable para el desarrollo económico, sorprende que el Vaticano haya declarado como pecado mortal la “acumulación excesiva de riqueza”. Por lo que se dijo anteriormente, el Vaticano está castigando, implícitamente, el desarrollo económico; está incentivando la perpetuación de la pobreza, acción también calificada ahora como pecado mortal. Y además, ¿qué se debe considerar como “acumulación excesiva de riqueza”? ¿Todos los que aparecen en la lista de Forbes?; ¿todos aquellos cuya riqueza sea mayor a la riqueza media de la población de un país más una cierta desviación estándar? ¿Es excesivo tener una riqueza global entre propiedades, valor del capital humano y ahorro financiero de 100 mil pesos o sólo si asciende a más de un millón de dólares? Extraño; muy extraño.

En general, la Iglesia tiene bastantes dificultades para entender el capitalismo liberal. Quizás porque éste parte de aceptar como inevitable el afán de lucro. La clave del capitalismo liberal desde Adam Smith es reconocer que el afán de lucro (los vicios privados de Mandeville), lejos de ser un obstáculo para que vivamos en un mundo mejor, eran la clave para hacerlo posible.

Por eso, el problema para el liberalismo no es cuánto dinero gana una persona, sino cómo lo hace. Si lo consigue mediante su esfuerzo, su talento o incluso con el concurso de la suerte, pero en libre competencia con otros que desean el éxito económico y el lucro en la misma medida, entonces da igual que esa persona acabe convirtiéndose en alguien muy rico. El problema no es el lucro, sino lucrarse sin competir.

Por tanto, le Estado no debe preocuparse por cuánto es capaz de ganar una persona, sino de que lo haga siguiendo las reglas de la competencia y el mercado libre. El Estado no entra a juzgar la moralidad de quien desea ganar mucho dinero, sino sólo el modo en que consigue su fortuna. Por ejemplo, no puede ser mediante monopolio, o consiguiendo favores del Estado, o usando la coacción contra sus competidores.

Por ejemplo, si creas un algoritmo como el de Google o un sistema operativo como Windows y todo el mundo usa tu buscador o tu software, y si haces todo eso compitiendo con otros… ¿qué más da si te conviertes en un asiduo de Forbes y sus lista de millonarios? Después, lo que hagas con tu dinero, es cosa tuya. Si lo acumulas, después de todo, sólo estás generando capital. Con ese dinero, los bancos financian proyectos de otros emprendedores, y la historia vuelve a empezar.

Decididamente, la Iglesia no entiende el capitalismo liberal.

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