David Mamet se aleja del progresismo
A estas alturas, todos los lectores de blogs políticos saben que David Mamet se ha caído de la Harley camino de Damasco y ha dejado de ser progresista, según explica él mismo en un artículo.
Ahora, Arcadi Espada ha colgado en esta entrada de su blog la traducción española del artículo de Mamet en un .pdf.
Algunos fragmentos:
he descubierto, no solo que no me fiaba del gobierno actual (eso, para mí, no era una sorpresa), sino que un repaso imparcial revelaba que los defectos de este presidente –a quien yo, como buen izquierdista, consideraba un monstruo– no eran muy diferentes de los de un presidente al que veneraba. Bush nos metió en Irak, Kennedy en Vietnam. Bush robó las elecciones de Florida; Kennedy las suyas de Chicago. Bush delató a una agente de la CIA; Kennedy dejó morir a cientos de ellos en el oleaje de la Bahía de Cochinos. Bush mintió acerca de su servicio militar; Kennedy aceptó un Premio Pulitzer por un libro escrito por Ted Sorenson. Bush se metió en la cama con los Saudís, Kennedy con la Mafia. Oh.
Sobre los filósofos que han contribuido al cambio de opinión:
Comencé por leer no sólo la economía de Thomas Sowell (nuestro más importante filósofo contemporáneo) sino a Milton Friedman, Paul Johnson, y Shelby Steele, y a una multitud de escritores conservadores, y descubrí que estaba de acuerdo con ellos: una comprensión del mundo basada en mercados libres cuadra más perfectamente con mi experiencia que esa visión idealista que yo llamaba izquierdismo.
Y, lo que para mí es la idea principal: la combinación de pesimismo antropológico con el optimismo institucional:
Había observado que la lujuria, la avaricia, la envidia, la pereza
y sus amiguetes están haciendo de las suyas con el mundo, pero que sin embargo, la gente en general parece comportarse razonablemente bien día a día; y que nosotros en los Estados Unidos nos comportamos día a día razonablemente bien bajo circunstancias claramente asombrosas y privilegiadas – que no somos y nunca hemos sido los villanos que muchos de fuera y muchos de nuestros ciudadanos nos consideran, sino que somos una confección de individuos normales (avariciosos, lujuriosos, falsos, corruptos, inspirados – en fin, humanos) viviendo bajo un acuerdo espectacularmente eficaz llamado Constitución, y afortunados de tenerla. Porque la Constitución, en lugar de sugerir que todos se comporten de manera divina, reconoce que, al contrario, las personas son cerdos y se aprovecharán de cualquier oportunidad para subvertir cualquier pacto y poder conseguir lo que ellos consideran que son sus merecidos intereses. Por ello, la Constitución separa el poder del estado en esas tres ramas que para la mayoría de nosotros (me incluyo) es lo único que recordamos de 12 años de escuela.
Por cierto, ayer, en las noticias de TVE, y a propósito del aniversario (creo que el 100) de Time, se volvió a poner al mismo nivel a Stalin, Hitler y ¡George Bush!.

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