Leviatán

Tanta libertad como sea posible, tanto Estado como sea necesario

Moises Naim habla sobre la crisis 0

Portafolio publicó hace unos días una entrevista muy interesante a Moises Naim. En ella habla de la actual incertidumbre económica:

Eso tiene mucho que ver con la expansión de la utilización de elementos como los derivados financieros que son instrumentos matemáticamente muy complicados que ni siquiera los mismos que los compran y los venden son capaces de decir con claridad cuánto valen y qué riesgo implican. En consecuencia nadie sabe quién tiene qué riesgo, cómo se dispersa ese riesgo en el mundo, ni cómo son los balances de la contraparte que está pidiendo créditos. Como no se saben leer los balances del prestatario, entonces no se presta. Parece contradictorio, pero esa falta de transparencia ocurre en el sector que debería ser el más transparente que es el sector financiero, en donde todas las transacciones son escrutadas, todo es electrónico, todo está medido y nadie hace nada sin que todo el mundo lo sepa. En teoría es un sistema muy transparente, pero la paradoja es que en la práctica resultó ser un sistema bastante opaco.

Sobre la gravedad y la duración de la misma, existen dos posturas, una catastrofista y otra, a la que él se adhiere, que ve la crisis como una corrección de excesos pasados.

Para explicar lo que pasa hay dos escuelas de pensamiento: la que dice que esta es la crisis financiera más importante de los últimos 60 años y que va a cambiar el mundo para siempre, y la que dice que es el ajuste necesario que se venía pronosticando y que va a haber un crecimiento más lento de la economía, que probablemente Estados Unidos entre en recesión y que otros países van a sufrir las consecuencias de ello. Pero que no es el fin del mundo. Eso también pienso yo.

Por cierto, para quien, como es mi caso, disfrute leyendo a Moisés Naim, tiene una recopilación de artículos en español en su página.

Clientelismo autonómico 2

El otro día, una compañera me contó la siguiente anécdota.

En una oposiciones para profesores de dibujo de enseñanza secundaria, en Murcia, pidieron a los aspirantes que diseñaran una carroza para el Bando de la Huerta. Como es natural, la mayoría de los aspirantes de otras regiones se quedaron en fuera de juego, dado que lo normal, si no se es de Murcia o de alguna zona limítrofe es no conocer el Bando de la Huerta, o conocerlo de oídas. Resultado: una buena parte de los opositores quedaron eliminados. No por desconocer su materia, sino por ignorar algo que no tiene nada que ver con ella, una costumbre local.

El de Murcia no es el único caso. Otras veces he escuchado casos como el de preguntar por poetas canarios en las oposiciones a profesores de castellano en Canarias. ¿Qué más da si eres un experto en sintaxis del español, o en Clarín, o en la Generación del 98? Por lo visto, lo que debe conocer un profesor de castellano en Canarias es a los poetas de la zona. ¿Universalismo? ¿Quién puñetas es ese tipo? ¿Preparar a los jóvenes para que puedan salir de su tierra sin ignorar todo cuanto exista fuera de ella? ¡Ni en sueños! ¡Dónde van a estar mejor que ne su casa!

Está claro que estas medidas son ardides para beneficiar a los aspirantes locales a un puesto público. Una forma de protegerlos de la competencia exterior. Pero son prácticas inadmisibles. Porque los funcionarios que ponen ese tipo de obstáculos a los de fuera, están tratando de proteger a los aspirantes a funcionarios, y no los intereses de sus verdaderos clientes: los ciudadanos.

Veamos: si yo soy murciano y padre de un alumno de Secundaria, me importará bien poco el lugar de procedencia de sus profesores. Lo único que deseo es que sean los mejores. Y por ello exigiré a los responsables de seleccionar a los profesores que los seleccione con criterios de aptitud docente y de excelencia académica. ¡sencillamente, quiero que a mi hijo le den clase los mejores, no los que hayan nacido en su tierra!

Si descalifican a los foráneos por desconocer cómo son las carrozas de una fiesta local, el Gobierno autonómico no está haciendo su trabajo, que es buscar a los mejores profesionales para dar clase a mi hijo. Tan sólo están jugando al clientelismo político, fidelizando votantes entres los aspirantes a vivir de mis impuestos. La tan celebrada meritocracia es precisamente eso: un sistema donde se ascienda socialmente gracias al esfuerzo y a la excelencia, no a la cercanía con el poder, al lugar de nacimiento o a la renta económica heredada.

El Estad de las autonomías, en éste como en muchos otros ejemplos, es un obstáculo para la meritocracia, porque contribuye con demasiada frecuencia a crear bolsas de clientelismo. Es más vulnerable al clientelismo porque está más cercano. Sería mejor que el examen de dibujo del ejemplo lo hubiera establecido una comisión lejana y anónima, sin mayor interés en agradar al “equipo local”. El poder, en muchos casos, y al contrario del tópico tan extendido, debe ser lo más distante posible. Para que no pueda ser pervertido. Para mantenerlo al abrigo del mar de intereses que, entre otras cosas, es cualquier sociedad civil.

A la Iglesia le cuesta entender el capitalismo liberal 0

Isaac Katz habla en Cato sobre la importancia de acumular riqueza, y en el último párrafo da un tirón de orejas a la Iglesia Católica y a su dificultad para entender que la acumulación es buena para el desarrollo económico:

Dado que la acumulación de riqueza es la condición indispensable para el desarrollo económico, sorprende que el Vaticano haya declarado como pecado mortal la “acumulación excesiva de riqueza”. Por lo que se dijo anteriormente, el Vaticano está castigando, implícitamente, el desarrollo económico; está incentivando la perpetuación de la pobreza, acción también calificada ahora como pecado mortal. Y además, ¿qué se debe considerar como “acumulación excesiva de riqueza”? ¿Todos los que aparecen en la lista de Forbes?; ¿todos aquellos cuya riqueza sea mayor a la riqueza media de la población de un país más una cierta desviación estándar? ¿Es excesivo tener una riqueza global entre propiedades, valor del capital humano y ahorro financiero de 100 mil pesos o sólo si asciende a más de un millón de dólares? Extraño; muy extraño.

En general, la Iglesia tiene bastantes dificultades para entender el capitalismo liberal. Quizás porque éste parte de aceptar como inevitable el afán de lucro. La clave del capitalismo liberal desde Adam Smith es reconocer que el afán de lucro (los vicios privados de Mandeville), lejos de ser un obstáculo para que vivamos en un mundo mejor, eran la clave para hacerlo posible.

Por eso, el problema para el liberalismo no es cuánto dinero gana una persona, sino cómo lo hace. Si lo consigue mediante su esfuerzo, su talento o incluso con el concurso de la suerte, pero en libre competencia con otros que desean el éxito económico y el lucro en la misma medida, entonces da igual que esa persona acabe convirtiéndose en alguien muy rico. El problema no es el lucro, sino lucrarse sin competir.

Por tanto, le Estado no debe preocuparse por cuánto es capaz de ganar una persona, sino de que lo haga siguiendo las reglas de la competencia y el mercado libre. El Estado no entra a juzgar la moralidad de quien desea ganar mucho dinero, sino sólo el modo en que consigue su fortuna. Por ejemplo, no puede ser mediante monopolio, o consiguiendo favores del Estado, o usando la coacción contra sus competidores.

Por ejemplo, si creas un algoritmo como el de Google o un sistema operativo como Windows y todo el mundo usa tu buscador o tu software, y si haces todo eso compitiendo con otros… ¿qué más da si te conviertes en un asiduo de Forbes y sus lista de millonarios? Después, lo que hagas con tu dinero, es cosa tuya. Si lo acumulas, después de todo, sólo estás generando capital. Con ese dinero, los bancos financian proyectos de otros emprendedores, y la historia vuelve a empezar.

Decididamente, la Iglesia no entiende el capitalismo liberal.

¿Tiene la culpa el mercado? 0

Carlos Rodríguez Braun, sobre la tormenta que se está formando sobre el sistema financiero estadounidense:

En toda crisis el pensamiento único le echa la culpa al mercado libre, pero recordemos lo que está pasando.
Las autoridades públicas, y la Reserva Federal es una autoridad pública, monopolística para más «inri», han usado fondos públicos para prestar a empresas financieras a cambio de garantías que son basura (perdón, quise decir «hard-to-trade collateral»), y en este caso particular para hacerse responsable de algo que está en los libros de Bear Stearns y que es basura (perdón, quise decir «hard-to-trade securities»).
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David Mamet se aleja del progresismo 0

A estas alturas, todos los lectores de blogs políticos saben que David Mamet se ha caído de la Harley camino de Damasco y ha dejado de ser progresista, según explica él mismo en un artículo.

Ahora, Arcadi Espada ha colgado en esta entrada de su blog la traducción española del artículo de Mamet en un .pdf.

Algunos fragmentos:

he descubierto, no solo que no me fiaba del gobierno actual (eso, para mí, no era una sorpresa), sino que un repaso imparcial revelaba que los defectos de este presidente –a quien yo, como buen izquierdista, consideraba un monstruo– no eran muy diferentes de los de un presidente al que veneraba. Bush nos metió en Irak, Kennedy en Vietnam. Bush robó las elecciones de Florida; Kennedy las suyas de Chicago. Bush delató a una agente de la CIA; Kennedy dejó morir a cientos de ellos en el oleaje de la Bahía de Cochinos. Bush mintió acerca de su servicio militar; Kennedy aceptó un Premio Pulitzer por un libro escrito por Ted Sorenson. Bush se metió en la cama con los Saudís, Kennedy con la Mafia. Oh.

Sobre los filósofos que han contribuido al cambio de opinión:

Comencé por leer no sólo la economía de Thomas Sowell (nuestro más importante filósofo contemporáneo) sino a Milton Friedman, Paul Johnson, y Shelby Steele, y a una multitud de escritores conservadores, y descubrí que estaba de acuerdo con ellos: una comprensión del mundo basada en mercados libres cuadra más perfectamente con mi experiencia que esa visión idealista que yo llamaba izquierdismo.

Y, lo que para mí es la idea principal: la combinación de pesimismo antropológico con el optimismo institucional:

Había observado que la lujuria, la avaricia, la envidia, la pereza
y sus amiguetes están haciendo de las suyas con el mundo, pero que sin embargo, la gente en general parece comportarse razonablemente bien día a día; y que nosotros en los Estados Unidos nos comportamos día a día razonablemente bien bajo circunstancias claramente asombrosas y privilegiadas – que no somos y nunca hemos sido los villanos que muchos de fuera y muchos de nuestros ciudadanos nos consideran, sino que somos una confección de individuos normales (avariciosos, lujuriosos, falsos, corruptos, inspirados – en fin, humanos) viviendo bajo un acuerdo espectacularmente eficaz llamado Constitución, y afortunados de tenerla. Porque la Constitución, en lugar de sugerir que todos se comporten de manera divina, reconoce que, al contrario, las personas son cerdos y se aprovecharán de cualquier oportunidad para subvertir cualquier pacto y poder conseguir lo que ellos consideran que son sus merecidos intereses. Por ello, la Constitución separa el poder del estado en esas tres ramas que para la mayoría de nosotros (me incluyo) es lo único que recordamos de 12 años de escuela.

Por cierto, ayer, en las noticias de TVE, y a propósito del aniversario (creo que el 100) de Time, se volvió a poner al mismo nivel a Stalin, Hitler y ¡George Bush!.